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#011. El placer del deber

by José Luis de la Rocha

Existen dos tipos de personas:

  • Los que miden su felicidad en función de la cantidad de cosas que hacen que les gusta hacer.
  • Los que miden su felicidad en función de la cantidad de cosas que hacen que piensan que deben hacer. 

No es que unos hagan exclusivamente una cosa y otros la otra. Ambos grupos hacen cosas que les gustan y cosas que están obligados a hacer, aunque no les gusten.

La diferencia está en la forma en la que valoran su satisfacción o felicidad.

Este estado ideal de felicidad vamos a denominarlo, con un término más completo, como eudaimonia.

La eudaimonia, es un término viene del griego antiguo y centraba el debate filosófico de las grandes escuelas.

Todo el mundo la busca y, en su más amplio significado, no solo engloba ser feliz como tal, sino define la mejor manera de vivir la vida humana.

Es sacarle el máximo rendimiento de la vida. 

Es, por tanto, un estado idílico difícil de alcanzar.

La cuestión es que todo el mundo la busca y existen, como he comentado al principio, varias formas de llegar a ella.

Sócrates y Platón pensaban que la única forma de llegar a la eudaimonia era la virtud.

La virtud se fundamenta básicamente en hacer lo que hay que hacer y no hacer lo que no hay que hacer. Lo contrario de la virtud es el vicio.

Aristóteles pensaba, que además de la virtud era necesario vivir conforme a la razón. Y entendía que también es necesario elementos como los amigos, la riqueza y el poder como apoyo a esa búsqueda. Es decir, un equilibrio entre la calidad humana y la calidad de vida.

Por el contrario, Arístipo (también alumno de Sócrates) argumentaba que el propósito primario de la vida no era la felicidad a largo plazo sino la experiencia del momento a momento de los placeres corporales.

Esta idea la matizó posteriormente Epicuro que defendía que a la eudaimonia se llegaba a través del placer porque era el principal bien de la vida (pero no solo el placer físico, sino también el intelectual y espiritual, que en muchos casos es superior al físico) y también al evitar el dolor, la ansiedad y el sufrimiento. Además, valoraba la estabilidad del placer a lo largo de la vida y no la puntual de un momento. La virtud epicúrea busca la racionalidad de una vida placentera.

En cambio, Séneca decía: “Para ser feliz hay que vivir en guerra con las propias pasiones y en paz con las de los demás”. Y defendía que la virtud es necesaria y suficiente para la felicidad y esta consistía en actuar siempre de acuerdo con la naturaleza.

Estos valores de la virtud estaban integrados por la sabiduría de saber tomar las decisiones correctas, el valor para actuar correctamente frente a las situaciones adversas, la templanza para no dejarnos caer en los excesos y la justicia para tratar a los demás con dignidad y ecuanimidad.

Todo este debate filosófico sobre la felicidad, que comenzó con los griegos, se fue disipando cuando las religiones entraron en juego. Ya que estas imponían unas reglas propias para conseguir la felicidad y que no eran objeto de debate.

Aun así, a partir del siglo XX y con la sociedad moderna, aparecieron nuevos filósofos que retomaron las ideas antiguas y las actualizaron con nuevos conceptos como la pirámide de Maslow que culmina en la autorrealización como objetivo de la felicidad y fueron el germen de los libros de autoayuda, tan denostados como adorados.

 

Pero centrándonos en el objetivo de esta newsletter. 

 

Como he dicho al principio, tenemos dos líneas generales de pensamiento que rotan en torno al placer y al deber.

Podemos llamar a los primeros epicúreos y a los segundos estoicos.

 

Párate un momento y piensa qué idea se adapta mejor a tu forma de valorar tu satisfacción...

 

Ninguna de las dos opciones es mala ni buena. Simplemente que unos tenderán hacia la búsqueda de experiencias placenteras frente a los que buscan la satisfacción de hacer lo que deben hacer.

Si eres un epicúreo usa el placer de hacer lo que te gusta como recompensa por cumplir tus obligaciones.

Si eres estoico ya sabes lo que tienes que hacer...

 

Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.

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